¡Y arrancan..!
Tarde de domingo... no hay planes concretos y de la nada me surge la idea de visitar un lugar al que jamás hemos ido antes Mon y yo.
Luego de pasar por ella, convencer a su mamá de que regresaremos a tiempo para comer lo que cocinó y además guardando el secreto de nuestro destino para que fuera una linda sorpresa tomamos Tlalpan, luego el Viaducto y al final el Periférico para llegar al fin.
Al darse cuenta del lugar, Panqui sonrió, se emocionó y después me ayudó a orientarme para entenderle al estacionamiento del lugar, que más bien parecía un laberinto del Mundo 8.4 de Mario Bros 1 en el viejo Nintendo.
--¿Y ahora para dónde?
-- Creo que por ahí
--A ver oprime al elevador... mm dice que no sirve... a ver las escaleras
Así bajamos casi hasta zona restringida no sin antes tomar las primeras fotos del recuerdo.
¿Y aquí cómo se entra?
Ahí dice Taquilla...
Finalmente compramos las entradas, en la zona intermedia de los precios (ni tan pueblo, ni tan finos para ser primerizos) y pues a aprender.
Las trompetas de fondo nos fueron ambientado y así encontramos el módulo con un letrero lo suficientemente grande como para notarlo.
"Principiantes"
Salimos con cuatro boletos y aún más confundidos de cómo llegamos, el supuesto maestro salió contraproducente y nuestras apuestas parecían francamente una locura.
Avanzamos hasta encontrar un lugar en una mesa finamente ocupada por cuatro tipos con pinta de secuestradores a los que preferimos no reclamarles nuestros sitios.
Después del coraje, decidimos tomarlo con filosofía, compramos refrescos y papás ya disfrutar del evento.
Sí... estábamos en el Hipódromo de las Américas, apostándole a los caballos.
Luego de pasar por ella, convencer a su mamá de que regresaremos a tiempo para comer lo que cocinó y además guardando el secreto de nuestro destino para que fuera una linda sorpresa tomamos Tlalpan, luego el Viaducto y al final el Periférico para llegar al fin.
Al darse cuenta del lugar, Panqui sonrió, se emocionó y después me ayudó a orientarme para entenderle al estacionamiento del lugar, que más bien parecía un laberinto del Mundo 8.4 de Mario Bros 1 en el viejo Nintendo.
--¿Y ahora para dónde?
-- Creo que por ahí
--A ver oprime al elevador... mm dice que no sirve... a ver las escaleras
Así bajamos casi hasta zona restringida no sin antes tomar las primeras fotos del recuerdo.
¿Y aquí cómo se entra?
Ahí dice Taquilla...
Finalmente compramos las entradas, en la zona intermedia de los precios (ni tan pueblo, ni tan finos para ser primerizos) y pues a aprender.
Las trompetas de fondo nos fueron ambientado y así encontramos el módulo con un letrero lo suficientemente grande como para notarlo.
"Principiantes"
Salimos con cuatro boletos y aún más confundidos de cómo llegamos, el supuesto maestro salió contraproducente y nuestras apuestas parecían francamente una locura.
Avanzamos hasta encontrar un lugar en una mesa finamente ocupada por cuatro tipos con pinta de secuestradores a los que preferimos no reclamarles nuestros sitios.
Después del coraje, decidimos tomarlo con filosofía, compramos refrescos y papás ya disfrutar del evento.
Sí... estábamos en el Hipódromo de las Américas, apostándole a los caballos.
Al final los resultados no fueron los mejores. Uno de mis caballos quedó en último y llego como media hora después, casi junto con los de la carrera siguiente, mi mejor apuesta perdió en final de fotografía y nuestras combinaciones rayaron en lo abusirdo gracias a la destreza de nuestro instructor.
Pero eso sí tener experiencias nuevas en lugares nuevos es maravilloso... no hay duda.

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